En el universo de Kimetsu no Yaiba, una Nichirin no es una simple herramienta de combate; es una extensión del alma del cazador y la única barrera entre la humanidad y la extinción. Pero, ¿qué hace que estas piezas sean capaces de lograr lo que ningún otro acero puede?
Desde las faldas de la Montaña Yoko, donde el mineral absorbe la luz solar los 365 días del año, hasta las manos de los maestros de la Aldea Oculta, el proceso de creación de estas armas es un ritual de paciencia y maestría. No solo hablamos de metalurgia, sino de una conexión espiritual: el momento en el que la hoja cambia de color según su portador es, quizás, el evento más determinante en la vida de un espadachín.
Sin embargo, poseer una Nichirin conlleva una responsabilidad inmensa. Un mal movimiento, una técnica mal ejecutada o un impacto lateral, y el trabajo de meses de un herrero puede terminar en mil pedazos (y créenos, no querrás tener a un Haganezuka furioso persiguiéndote con un cuchillo de cocina por haber dañado su obra).
¿Estás listo para descubrir si tu conocimiento es tan afilado como una de estas hojas?
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