Para que un cazador pueda hacer frente a las garras de un demonio, necesita una extensión de su propio cuerpo: la katana Nichirin. Sin embargo, el origen de estas armas no se encuentra en un taller cualquiera, sino en La Aldea de los Herreros, un asentamiento clandestino cuya ubicación geográfica es el secreto mejor guardado de la Cofradía. Para llegar a ella, se requiere una red de transportes con los ojos vendados y relevos constantes para evitar cualquier filtración.
Este pueblo no solo destaca por la maestría artesanal de sus habitantes, quienes portan máscaras de Hyottoko para proteger su identidad, sino por su sorprendente nivel de desarrollo tecnológico. El ejemplo más asombroso de esta ingeniería es Yoriichi Tipo Cero (Yoriichi Zero Shiki), un autómata mecánico de entrenamiento creado hace más de trescientos años. Con seis brazos mecánicos para poder replicar los movimientos del espadachín más poderoso de la historia, este muñeco es la cumbre de una tecnología robótica que ha sobrevivido generaciones.
Hoy exploramos los secretos de la forja, el funcionamiento de la ingeniería antigua del autómata y cómo esta aldea equilibra la tradición mística del acero solar con la ciencia aplicada al entrenamiento de los Pilares.
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